El error de la Industria 4.0: digitalizar el pasado en vez de imaginar el futuro

La economía actual está basada en la experiencia, sujeto y objeto son inextricables. La industria del siglo XXI es una red de creación, producción e intercambio de experiencias.

Cuando los clientes sofisticados piensan en movilidad no se limitan al campo de la automoción. Sus ecosistemas innovadores crean nuevas soluciones inteligentes de transporte en asociación con las autoridades, comerciantes y ciudadanos locales. Eso de por sí ya debería ser una razón suficiente para incluir un sector ciudad, que integre servicios, gestión de recursos y planificación urbanística. El desglose de los sectores industriales tradicionales está obsoleto. En la industria del siglo XXI estamos mucho menos preocupados por el flujo de cosas que por el flujo de aprovechamiento y de modelos virtuales.

El concepto de industria 4.0, inicialmente desarrollado para impulsar la industria de una nación, no es el modelo adoptado en China, cuyos programas Internet+ y Made in China 2025 aspiran a transformar el nuevo taller del mundo en algo más parecido a un estudio de diseño. Tampoco es el modelo adoptado por los coreanos; el programa Economía Creativa de Corea busca unir ciencia, tecnología y cultura. Y no es la apuesta de Estados Unidos, donde las inversiones se hacen en ecosistemas industriales que incluyen al Gobierno federal, las administraciones locales, negocios y educación.


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Tal cual está, la industria 4.0 se reduce a digitalizar el pasado, en vez de imaginar la industria del futuro. Parece que se ha pasado por alto a la gente y los usos, por no mencionar la sostenibilidad y la austeridad. Los que cambiarán las reglas del futuro no serán aquellos con un sistema de producción más automatizado, sino quienes tengan más experiencia y conocimientos, quienes trabajen en entornos de negocio que integren a los subcontratistas como socios de pleno derecho en la creación de valor. El Gobierno francés debería ser una fuente de inspiración e impulsor de la transformación; en vez de eso, está demostrando falta de visión y política.

Deberíamos traer las escuelas a la empresa, en vez de hacer lo contrario.

A día de hoy estamos experimentando un renacimiento de la industria global, trayendo nuevas formas, reales y virtuales, de ver el mundo, inventando, aprendiendo, produciendo y comerciando. Nuevas compañías industriales están creando nuevas soluciones para nuevos clientes. Tesla ha cambiado la forma del mercado automovilístico y Joby Aviation y Blue Origin han trasformado el mercado aeroespacial.

La nueva economía se organiza alrededor de mercados donde oferta y demanda se unen, tanto global como localmente. Google y Amazon se han convertido en elementos ineludibles en el panorama comercial. Plataformas de experiencia digital para salud, industria y desarrollo urbano son las infraestructuras del siglo XXI. Han transformado la industria de la hostelería, transporte y minoristas y transformarán la industria. Potenciando experiencias virtuales, la realidad aumentada y la simulación realista, la tecnología digital revoluciona nuestra relación con el conocimiento, igual que hizo la imprenta en el s. XV. El modelo virtual es nuestra biblioteca y taller, ofreciendo tanto conocimiento como experiencias existentes.

Con la impresión 3D y los biomateriales es posible armonizar producto, naturaleza y vida. La inteligencia artificial no remplazará al pensamiento humano, pero facilitará el acceso al conocimiento y experiencia. La asistencia virtual mejorará nuestra capacidad para inventar soluciones a los retos a los que se enfrenta la humanidad. En los ochenta, Silicon Valley estaba desarrollando motores de búsqueda y sistemas operativos. Hoy está inventando vehículos autónomos y objetos conectados que cambian radicalmente cómo la gente interactúa con las cosas. La separación entre lo material y lo virtual cada vez es más borrosa.

Ya que la gente aprende más y más en el lugar de trabajo, deberíamos traer las escuelas a la empresa, en vez de hacer lo contrario. Este es el pensamiento tras las “plataformas regionales aprobadas” desarrollado por la francesa Alliance Industrie du Futur (una federación de industria y agentes digitales que incluye a instituciones académicas y tecnológicas).

La formación vocacional, que actualmente está excesivamente segmentada y en definitiva es inefectiva, debería hacerse multidisciplinar, con cursos que derivarán en titulaciones valoradas, involucrando aportaciones de los partners de estos nuevos ecosistemas de innovación. Esto podría asegurar que los 32.000 millones de presupuesto francés para la formación vocacional contribuyan directamente a la mejora de habilidades y a cubrir las necesidades de la fuerza de trabajo del futuro. El foco debería estar en las plataformas digitales que mezclen de forma efectiva entre la lectura de libros y trabajo de laboratorio, con una experiencia virtual poderosa transformando el aprendizaje para dar a las calificaciones formales un valor competitivo real.

 

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