La internet de los 100 billones de cosas

Los analistas prevén que la conexión a la red de todo tipo de objetos supondrá contar con trillones de fuentes de datos localizados y relacionados entre sí.

“Las computadoras estarán vinculadas a todos los productos industriales en pocas décadas”. Esta predicción, formulada por el informático Karl Steinbuch, parece referirse al futuro inmediato de la denominada internet de las cosas. Sin embargo, cuando este experto expuso la idea, en el lejano 1966, ni siquiera existía este concepto. En el presente, la conexión a la red se lleva a cabo a través de ordenadores y dispositivos móviles. Sin embargo, numerosos ejemplos evidencian que la predicción de Steinbuch está a punto de materializarse.

Los avances de la cuarta revolución industrial (o industria 4.0) evidencian que si un elemento puede enlazarse a la Web, tarde o temprano, lo hará. La gama de aparatos que son susceptibles de operar de este modo es amplísima: desde los electrodomésticos inteligentes (neveras, lavadoras, exprimidores, hornos, etc.) hasta servicios comunes (agua, iluminación…), vehículos, edificios o ciudades enteras. Si a algo se le puede añadir un chip WiFi, ya sea un cepillo de dientes, unas zapatillas, un juguete o un barco, pasará a formar parte del internet de las cosas.

El informático Karl Steinbuch afirmó en 1966: “Las computadoras estarán vinculadas a todos los productos industriales en pocas décadas

Como señalan dos referentes en esta materia, Christian Floerkemeier y Friedemann Mattern, esta innovación “representa una visión en la que la red se extiende al mundo real, abrazando todo tipo de objetos cotidianos”. A partir de esta base, el ingeniero Jean-Baptiste Waldner calcula que, en su “madurez”, la internet de las cosas abarcará un conjunto de artículos con código que irá de los 50 billones a los 100 billones. Las sucesivas oleadas de dispositivos con sensores y conexiones preparan mes a mes el terreno para este desenlace.

En realidad, más que un destino, este punto es sólo un hito más en la carrera tecnológica. Todos estos analistas coinciden en subrayar el profundo cambio que supondrá contar con trillones de fuentes de datos localizados y relacionados entre sí. La interpretación que resulta de la acumulación parcial de esta información supera con creces las fantasías más ambiciosas (e intervencionistas) de cualquier empresa o gobierno del mundo.

La interpretación de los datos procedentes de los objetos conectados supera las fantasías más ambiciosas de cualquier empresa o gobierno

Si la combinación de internet de las cosas y big data se enriquece con inteligencia artificial y aprendizaje automático (machine learning), se llega a una situación diferente de la descrita por el escritor George Orwell en su novela 1984. En palabras del futurista James Cascio, en lugar de un “gran hermano”, lo que habrá serán millones de “hermanitas y hermanitos”. Así, la vigilancia de arriba abajo es reemplazada por la vigilancia de abajo arriba.

Los especialistas se preguntan si el papel principal en esta transformación corresponde a los individuos o a los utensilios de la internet de las cosas. Incluso en los casos más extremos de espionaje o voyeurismo, esas acciones las ordenan y ejecutan personas, no robots. De momento, los asistentes virtuales y los motores de búsqueda trabajan para los humanos. Es decir, los sujetos todavía mandan sobre los objetos.

El futurista Jamais Cascio niega que exista un “gran hermano”, sinó millones de “hermanitas y hermanitos” que vigilan constantemente

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